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Metodología Cualitativa

La metodología cualitativa engloba una serie de enfoques metodológicos claramente diferenciados procedentes de diversos campos como la sociología, la psicología, o la antropología, entre otros.

El primero de ellos es la fenomenología hermenéutica, campo que "plantea estudiar el significado de la experiencia humana" a través del lenguaje y de su interpretación. "Su meta es estudiar el mundo tal y como se manifiesta en el pensamiento consciente", y es con el lenguaje como se transmite el pensamiento, por eso, en su metodología, se estudian las vivencias de las personas, su forma de experimentar el mundo, qué significa y cómo comprenderlo. Para obtener toda la información pertinente, el investigador ha de mantener extensas charlas con el individuo para extraer las descripciones adecuadas.

La etnografía, segundo campo, "surge de la antropología cultural, centrándose en grupos sociales pequeños, tribus". Se encarga de "describir y analizar culturas y comunidades para explicar las creencias y prácticas del grupo investigado", para así descubrir los patrones que rigen este grupo o sus regularidades. Este campo se refiere principalmente a la cultura de la organización, y para investigarla, la metodología parte de una exploración del medio. El investigador reúne directamente datos empíricos, se documenta sobre esa organización, y por ello es importante que obtenga declaraciones directas de los participantes, así conoce su percepción.

Por otra parte, el interaccionismo simbólico surge en la Escuela de Chicago entre los años 1920 y 1930. Estudia cómo las personas están continuamente interpretando y definiendo situaciones, por lo que su percepción del entorno va cambiando. El objetivo del interaccionismo simbólico es "descubrir cómo estos procesos de conceptualización y de reinterpretación dirigen y transforman las formas de acción". Por tanto, su metodología se centra en comprender la conducta. Primero se formulan proposiciones que relacionan categorías de datos (surgidas en el mundo empírico), se entrelazan y se comprueban finalmente en ese mundo empírico.

"Esta perspectiva requiere estudiar a las personas en su ambiente natural".

Por último cabe tratar la etnometodología, corriente sociológica nacida en los 60 que analiza la relación entre actor y situación a partir de los procesos de interpretación (a través de la conversación o de "temáticas sociológicas más convencionales"). Su metodología consiste en observar a un grupo localizado sobre el terreno. El análisis de las conversaciones de las personas implicadas en el estudio se establece para investigar las interacciones, prácticas, selecciones al hablar, etc.

Este material procede de la obra 'Métodos de investigación en psicopedagogía', en concreto un capítulo escrito por María Pilar Colas llamado 'Enfoques en la metodología cualitativa: sus prácticas de investigación'.

 METODOLOGÍA CUALITATIVA  

En los capítulos anteriores hemos tratado lo que se conoce como metodología cuantitativa, cuyas características son la aplicación del método hipotético-deductivo, la utilización de muestras representativas de sujetos, la medición objetiva de variables, la utilización de técnicas de recogida de datos cuantitativos, como las encuestas y los tests, la aplicación de la estadística en el análisis de datos,  etc. Se trata de una investigación nomotética que pretende llegar a la generalización de resultados. Son ejemplos de metodología cuantitativa los estudios correlacionales, los diseños experimentales, etc.

En este capítulo nos vamos a referir a una corriente metodológica que se encuentra en el extremo puesto y que ha recibido alternativamente distinta denominaciones: paradigma cualitativo, metodología cualitativa, interpretativa, etnográfica, ecológica, etogenética, naturalista, fenomenológica, etnometodología, interaccionismo simbólico, constructivismo, observación participante, estudio de casos, etc.

Los distintos términos responden a enfoques ligeramente distintos, pero todos ellos comparten unos principios comunes. La distintas denominaciones utilizadas por los diversos autores que se han ocupado del tema responden al énfasis que cada uno de ellos pretende resaltar.

Incluso se puede afirmar que, muchas veces, algunos de estos términos se utilizan indistintamente como sinónimos. Así, por ejemplo, Erikson (1986) titula su artículo como "Métodos cualitativos de investigación en educación", y al mismo tiempo argumenta que prefiere utilizar el término "interpretativo" (p.119)en lugar de cualitativo. Guba (1983) prefiere el término naturalista; Woods (1987) etnografía; Harre (1977), etogenético; Lincoln (1985: 43-104) y Guba (1985), entre otros, se refieren al "paradigma emergente", etc.

Con esto señalamos una cierta pluralidad terminológica, tal vez debido a que estos enfoques son relativamente nuevos en el campo de la investigación educativa. Por nuestra parte, vamos a referirnos a la metodología cualitativa como al conjunto de todas ellas. En los apartados siguientes se presenta una síntesis de los aspectos esenciales de esta corriente.

Posteriormente nos referiremos a alguna tendencia concreta, pero teniendo siempre presente que es difícil distinguir entre ellas, todas comparten unos principios generales comunes y que las distintas denominaciones se utilizan muchas veces como sinónimos.

 

Orígenes y desarrollo de la investigación cualitativa

La observación descriptiva, las entrevistas y otros métodos cualitativos son tan antiguos como la misma historia. Los orígenes del trabajo de campo pueden rastrearse hasta viajeros y escritores que van desde Herodoto a Marco Polo. Pero es a partir del siglo XIX cuando se empiezan a utilizar conscientemente en la investigación social.

Hasta el siglo XVIII no se había prestado atención en describir y analizar la vida de los grupos sociales "sin voz" (sirvientes, clases bajas, proletariado, campesinos, vida rural, tribus, etc.). Cuando en la literatura aparecían personajes pertenecientes a estos grupos sociales, eran tratados con cierta incomprensión, poca seriedad, o incluso menosprecio, considerándolos a un nivel inferior.

Las obras de Rousseau (1712-1778) preconizan una revolución social que empezará a tener sus efectos a partir de 1789 con la Revolución francesa. En 1775, en El barbero de Sevilla de Beaumarchais, se presenta, tal vez, una de, las primeras caracterizaciones simpáticas del sirviente.

A partir de los inicios del siglo XIX, el interés en la vida del mundo (Lebenswelt) de los pobres, especialmente del mundo rural, creció progresivamente. Las obras de los hermanos Grimm en Alemania, Charles Dickens en Inglaterra y la misma obra pedagógica de Pestalozzi (1746-1827) en Suiza, son ejemplos ilustrativos.

Durante todo el siglo XIX proliferaron los informes y narraciones de viajes.

Principalmente los que relataban aspectos de la vida de los habitantes de las colonias que los países europeos tenían en ultramar. En este contexto emerge la antropología, con la cual se presta atención científica al estudio de estos grupos sociales y tribus desconocidas hasta entonces. Se empieza a denominar etnografía a una descripción monográfica de gente ethnoi (del griego "otros").

En esta época aparecieron una serie de "biografías de bebés", siendo el autor más destacado Charles Darwin (1809-1841), el cual convirtió la biografía de un bebé en un documento legítimo.

En 1914, Bronislaw Malinowski (1884-1942) visitó por primera vez Nueva Guinea.

Permaneció allí varios años, especialmente en las islas Trobriand. Durante su estancia tuvo contacto directo con las sociedades primitivas. Este contacto íntimo fue mucho más intenso del que había tenido cualquier etnógrafo anterior.

La obra de Malinowski (1922) revolucionó el campo de la antropología social. Sus descripciones incluyen el comportamiento explícito e inferencias sobre el conocimiento cultural implícito (creencias), que los mismos indígenas eran incapaces de expresar. El método de investigación era la observación participante y la entrevista en profundidad.

En la concepción de Freud (1856-1939), igual que en Malinowski, las personas saben mucho más de lo que son capaces de expresar. El psicoanálisis es una forma de entrevista en profundidad para llegar al inconsciente, el cual constituye una fuente de conocimiento para interpretar aspectos no manifiestos de la mente.

La teoría social alemana distinguía entre ciencias naturales (Naturwissenschaft) y ciencias humanas (Geisteswissenschaft). Dilthey (1833-1911) argumenta que los métodos de las ciencias humanas deben ser hermenéuticos o interpretativos. Su posición será adoptada por la fenomenología de Husserl (1859-1938), la sociología de Max Weber (1864-1920) y también el materialismo histórico y el materialismo dialéctico a partir de Karl Marx (1818-1883). Recordemos que uno de los puntos fundamentales del marxismo es el concepto de conciencia social: la concepción de sí mismo y del mundo está profundamente condicionada por las circunstancias. La ciencia social alemana pone el énfasis en el "punto de vista del actor". La fenomenología está en el origen de la investigación cualitativa.

 La introspección se considera válida como método científico.

 

En una dirección contraria se movía la teoría social francesa, con Comte (1795-1857) y Durkheim (1858-1917), mucho más próxima a las ciencias naturales.

Lo que les interesa son los "hechos sociales". Así queda expuesto en el primer capítulo de Las reglas del método sociológico de Durkheim (publicada por primera vez en 1895 y cuya última reedición en castellano es de 1988). En esta dirección se mueve la metodología cuantitativa.

En síntesis, la investigación cualitativa tiene sus orígenes en la antropología, pretende una comprensión holística, no traducible a términos matemáticos, y pone el énfasis en la profundidad. Mientras que la investigación cuantitativa tiene sus orígenes en la sociología y en las ciencias físico-naturales, parcializa la realidad para facilitar el análisis, y pretende estudios extensivos sobre muestras representativas de sujetos.

En esta revisión de los principales creadores de la ciencia antropológica deberíamos citar a Lévy-Bruhl (1857-1939), seguidor de Durkheim, que contribuyó al esclarecimiento de las formas primitivas de la vida mental del hombre.

Radcliffe-Brown (1881-1955), con importantes aportaciones a la etnología en la corriente del funcionalismo. Lévi-Strauss (1908- ), con el estructuralismo, que aglutina la lingüística de Jakobson, el inconsciente de Freud .

Margaret Mead (1901-1978) durante los años veinte realizó unos estudios antropológicos en Samoa (Mead, 1972), que pueden considerarse como la primera aplicación de la etnografía al campo educativo. Al mismo tiempo es uno de los primeros estudios que tratan de la educación fuera del contexto escolar. Para más información sobre Margaret Mead véase Cassidy (1985), así como sus numerosas y conocidas obras.

El empleo de métodos cualitativos se divulgó, gracias a la "Escuela de Chicago", entre 1910 y 1940. Destacan la sociología urbana de Park, Burgess y otros; historias de vida de criminales y delincuentes juveniles por Shaw, Sutheriand y otros; estudios etnográficos sobre inmigrantes a los Estados Unidos por Warner, Whyte, Thomas y otros.

En estos estudios se utilizó la observación participante y la entrevista informal.

Después de la II Guerra Mundial hubo un predominio de la metodología cuantitativa. Los estudios cualitativos quedaron en el olvido en muchas Universidades. Recién, durante los años sesenta empiezan a realizarse numerosas investigaciones de carácter cualitativo, principalmente en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Durante los años ochenta se observa un creciente interés por la metodología cualitativa aplicada a la investigación educativa. La tercera edición del Handbook of Research on Teaching (Wittrock, 1986) incluye por primera vez un capítulo importante sobre metodología cualitativa (Erikson, 1986), así como otros capítulos en los que frecuentemente se le hace referencia. Muchas otrasobras sobre metodología cualitativa se han publicado en los últimos años, por ejemplo las de Bogdan y Bikien (1982), Burgess (1982, 1985), Webb (1988) y otras. En manuales de metodología general de investigación educativa, donde prácticamente había estado totalmente olvidada, también se empieza a tenerla en cuenta (Cohen y Manion, 1985). En 1988 ha salido el primer número de la Internacional Journal of Qualitative Studies in Education (QSE), cuyos editores son Webb y Sherman.

 

Características de la investigación cualitativa

Entre los investigadores cualitativos hay desacuerdo acerca del procedimiento de la investigación y de sus fundamentos teóricos. Este desacuerdo hace que exista un cierto recelo a que nadie se erija como representante del conjunto de todos ellos (Erikson, 1986:). Como consecuencia, son escasas las exposiciones de carácter metodológico a nivel general. Por otra parte ha proliferado una terminología en la que muchas veces se utilizan como sinónimos vocablos distintos. Con todo, intentaremos ofrecer una aproximación a las características más comunes a la investigación cualitativa.

Como características generales comunes a las corrientes que se engloban en la metodología cualitativa podemos señalar las siguientes.

1. El investigador como instrumento de medida.- En la investigación cualitativa el investigador es el instrumento de medida. Todos los datos son filtrados por el criterio del investigador. Por consiguiente los resultados pueden ser subjetivos. Para evitar este peligro, el investigador debe adiestrarse en una disciplina personal, adoptando una "subjetividad disciplinada", que requiere auto-conciencia, examen riguroso, reflexión continua y "análisis recursivo". La "comprensión intersubjetiva" es otro procedimiento que se suele utilizar: el investigador explicita los aspectos subjetivos a los participantes en el estudio; esto produce una búsqueda de profundización en la comprensión de las experiencias de los sujetos. También puede emprender el uso sistemático del criticismo externo y la ayuda de críticos. El criticismo externo consiste en un cambio constante de rol interno-externo. La "triangulación" es una de las estrategias más utilizadas. Se insiste en la honestidad y en la introspección, que permita distinguir entre ética y significados generados por los sujetos 

2. Estudios intensivos en pequeña escala.- Se trata de estudios en pequeña escala que sólo se representan a sí mismos. Se basa en la exploración intensiva de unos pocos casos. A veces se estudian casos muy especiales, como una erupción volcánica, el hundimiento del Titanic, el incendio del Hindenburg, una explosión atómica, etc., que son hechos que ocurren raras veces y son una fuente de investigación que probablemente no se pueda abordar mediante métodos cuantitativos. Sin embargo, en investigación educativa, suelen estudiarse las situaciones normales de clase en su ambiente natural.  

3. Teorías e hipótesis.- No suele probar teorías o hipótesis. Es, más bien, un método de generar teorías e hipótesis.

 4. No tiene reglas de procedimiento.- El método de recogida de datos no se especifica previamente. Las variables no quedan definidas operativamente, ni suelen ser susceptibles de medición. La base está en la intuición y en los aspectos artísticos del producto. La investigación es de naturaleza flexible, evolucionaria y recursiva.

 5. Holística.- Abarca el fenómeno en su conjunto. No se detiene en dividirlo en variables o en discernir entre ellas.

 6. Recursiva.- El diseño de investigación es emergente: se va elaborando a medida que avanza la investigación. El problema inicial se va reformulando constantemente para confirmar que los datos recogidos contribuyen a la interpretación del fenómeno. Cuando se encuentran desajustes importantes, se puede replantear el problema adoptando las modificaciones que se consideren oportunas.

 7. Categorización.- Para categorizar suelen preguntar frecuentemente "¿Qué es un ejemplo de ...... ?". Van clasificando datos preguntándose "¿A qué grupo pertenece esta categoría?".

 8. Análisis estadístico.- En general no permite un análisis estadístico. A veces, pueden hacer recuentos de frecuencias y categorizaciones, pero solamente cuando se está muy seguro de lo que se cuenta.

 9. Serendipity.- Se pueden incorporar hallazgos que no se habían previsto (serendipity).

 10. Emocionalmente satisfactoria.- Es importante asegurarse de que están hablando la voz de "su gente". Es democrática, o incluso populista.

  La observación accidental juega un papel importante en la ciencia. De tal forma que se justifica el uso del término serendipity para referirse al descubrimiento de algo que no entraba en los objetivos de la investigación. El fisiólogo Cannon, en 1945, recogió el término serendipity de la obra Three princess of  Serendip, de Walpole, donde se narra la historia de la búsqueda inútil de algo y el hallazgo de muchas otras cosas valiosas que no eran buscadas.

Así sucede, a veces, en la ciencia. El investigador debe estar siempre alerta al descubrimiento fortuito de algo que no tiene previsto, por no entrar en los objetivos de su investigación.

En muchos trabajos cualitativos se intenta un análisis profundo, de finos detalles, del comportamiento y su significado en la interacción social diaria.

  El trabajo de campo incluye:

a) participación intensiva y a largo plazo con los sujetos

 b) registro cuidadoso de lo que acontece, mediante notas de campo y la recogida de evidencia documental (manuscritos, ejemplos de los trabajos de los alumnos, fotos, cassette, video, etc.)

c) reflexión analítica a partir de los registros realizados y la documentación obtenida

 d) descripción detallada, utilizando procedimientos narrativos.

En investigación cualitativa se pueden utilizar técnicas de recogida de datos como los estudios de casos, las entrevistas en profundidad, la observación participante, fotografías, video, grabaciones, etc.

Con esto se pretende estudiar lo que la gente "dice y hace", en lugar de lo que "dice que hace", más propio de las encuestas y métodos cuantitativos. Como técnicas de análisis de datos destaca la triangulación.

Erikson (1986: 132-133) contrasta las metodologías cuantitativa y cualitativa ilustrándolas mediante un juego de ajedrez. La investigación cuantitativa supone un tablero con unas piezas y unas reglas; la investigación cualitativa supone que el tablero, las piezas y las reglas son distintas en cada situación concreta. El estudio de la clase es un tema de topología social, más que de geometría social.

La investigación cualitativa ha recibido numerosas críticas referidas básicamente a que:

a)    es subjetiva

b)   contiene una sobrecarga de los valores del investigador

c)    no se puede replicar

d)   tiene poca fiabilidad

e)    tiene poca validez externa

f)      las conclusiones no son generalizables

g)    adolece de exactitud y precisión

h)   es poco rigurosa y asistemático.

Desde los representantes de la investigación cualitativa se han dado justificaciones a estas críticas. En síntesis se trata de argumentar que la investigación cualitativa atiende a unos objetivos distintos de la investigación cuantitativa, pero que si "se hace bien" puede tener igual valor.

Cohen y Manion (1985: 264) presentan un cuadro de doble entrada que representa los principales métodos utilizables según el tipo de información requerida. Howard Becker sostiene que los investigadores cualitativos no pueden evitar tomar partido en sus estudios (cit. por Taylor y Bogdan, 1986: 285). Esto enlaza la investigación cualitativa con la investigación acción . Existe una larga tradición de "investigación acción" ligada a los estudios cualitativos. Así, por ejemplo, los investigadores de la Escuela de Chicago trataron de cambiar las condiciones de los barrios precarios mediante sus incisivos estudios e informes de campo. ) : sin saberlo, investigadores sociales recogieron información sobre América latina para los militares de los Estados Unidos; también el gobierno de Sudáfrica utilizó la investigación etnográfica para tratar de hacer más eficaz el apartheid. La investigación debe ponerse del lado de los sometidos, de aquellos que no tienen un foro donde expresarse y ser escuchados. Para Bodemann el investigador debe intervenir activamente para aliviar el sufrimiento humano . En esto ya se había adelantado Galileo, según el cual la misión de la ciencia era aliviar el sufrimiento humano.

 

Recogida y análisis de datos

Un principio general consiste en realizar una recogida de datos lo más intuitiva posible. Existe el convencimiento de que la observación participante intensiva y a largo plazo, empezando sin expectativas conceptuales a priori, que podrían  limitar la abertura de los investigadores de campo, es una de las formas más apropiadas de llegar a una comprensión interpretativa del fenómeno.

El trabajo de campo puede considerarse como una especie de mística, que por esencia no puede ser enseñado. La mejor preparación puede consistir en cursos de antropología y sociología, que incluyan bases teóricas e investigaciones prácticas.

  Burges (1982) y Denzin (1978) presentan sugerencias sobre el trabajo de campo. Erikson (1986: 140) cita como a un doctorando se le dieron las siguientes instrucciones:

  

1)    encontrar el grupo étnico adecuado;

2)    son muy útiles bloques de papel y lápices;

3)    asegúrese de llevar una sartén, pero no se la preste a nadie: podría no recuperarla. Esta descripción humorística pretende subrayar que, en definitiva, se trata de empezar sin nada preconcebido.

Podríamos recordar aquí a Antonio Machado: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Se utiliza el razonamiento lógico y un criterio propio. Se aprenden los métodos con la práctica, de la misma forma que se aprende a nadar tirándose al agua. Se trata de hacer el proceso de recogida de datos lo más deliberativo posible y desarrollar la "visión social esteroscópica" del etnógrafo. El proceso de recogida de datos se contempla como la resolución progresiva de un problema, en el cual los métodos de muestreo, la formulación de la hipótesis y el análisis de datos, van de la mano en una interacción permanente, caracterizada por un proceso permanente de acción-reflexión.

Las técnicas de recogida de datos pretenden una reconstrucción de la realidad.

Goetz y LeCompte (1988: 124-171), Schwartz y Jacobs (1984), Taylor y Bogdan (1986) y otros exponen las siguientes técnicas: observación participante y no participante, entrevistas estructuradas y no estructuradas, entrevistas en profundidad, declaraciones personales, historiales, comunicación no verbal, análisis de contenido, documentos personales, fotografías y otras técnicas audiovisuales, métodos interactivos y no interactivos, aplicación de medidas reactivas y no reactivas, etc. Estos autores incluyen ejemplos ilustrativos de aplicación de la metodología cualitativa.  

En las medidas reactivas el sujeto está al corriente de que es observado. Esto puede provocar que el sujeto reaccione en algún sentido, pudiendo distorsionar los resultados de la investigación. Son medidas reactivas, por ejemplo, los tests, cuestionarios, entrevistas, etc. Las medidas no reactivas se caracterizan por el hecho de que los datos se recogen en una situación natural, de tal forma que los sujetos no están al corriente de que son observados. Por ejemplo el análisis de los productos realizados por los sujetos durante el curso pasado, los libros de texto utilizados en un centro, los libros de la biblioteca, y diversas características relevantes del centro que se pueden observar e indicarlo. El investigador, a veces, debe crear medidas no reactivas ad hoc para la investigación que se propone, puesto que se trata de instrumentos únicos para una determinada investigación.

Un ejemplo de medida no reactiva es la técnica de la carta perdida, que a veces se utiliza en sondeos de opinión sobre la intención de voto. En esta técnica se escriben grandes cantidades de cartas a organizaciones que reflejan determinadas actitudes (por ejemplo un partido político). Estas cartas se "pierden" y van a parar a los buzones de una muestra representativa de sujetos. La técnica se basa en el supuesto de que la persona que "encuentra" una carta es más probable que la reenvíe al destinatario si la dirección corresponde a un organismo o persona (candidato) que refleja una actitud al cual se siente proclive. De esta forma, la cantidad de cartas devueltas refleja los porcentajes de las actitudes mantenidas por una comunidad. Se ha hipotetizado que algunas direcciones crean más curiosidad que otras, lo cual podría invalidar la técnica. En una investigación se escribieron cartas dirigidas a Educational Research Project, Marijuana Research Project y Sex Rescarch Project. Estas últimas fueron devueltas en una cantidad muy inferior a las demás, y muchas de ellas habían sido abiertas.

 Aspectos importantes a considerar en la recogida de datos son la negociación de la entrada en el "campo de estudio", el mantenimiento de unos principios éticos durante todo el proceso de investigación y el establecimiento de unas buenas relaciones  con los informantes.

También hay que considerar los aspectos éticos del trabajo de campo.

En la metodología cualitativa el análisis de datos va paralelo a la recogida de los mismos. No se distinguen como fases distintas. Hay una interacción permanente entre observación e interpretación; datos recogidos y análisis; en definitiva, acción-reflexión. Si se distinguen es simplemente a nivel didáctico.

Entre las técnicas propiamente cualitativas de análisis se pueden citar la triangulación, el análisis critico, la reflexión personal, contrastar hipótesis rivales, comparar, obtener feedback de los informadores, replicar, etc. En algunos casos pueden incluir técnicas de análisis cuantitativas, como distribuciones de frecuencia o tablas de contingencia.

Dentro del análisis e interpretación de los datos incluyen:

a)    Teorización: forma genérica del pensamiento sobre la cual se construye todo el análisis; se compone de percepción, comparación, contrastación, agregación y ordenación; determinación de vínculos y relaciones; y especulación.

b)   Estrategias de selección secuencias: son operaciones formales disecadas para integrar el análisis y la recogida de datos: selección de casos negativos, selección de casos discrepantes, muestreo teórico y selección de teorías relevantes para las distintas fases de la investigación. 

c)    Procedimientos analíticos generales: son    medios  de manipulación sistemática de datos: inducción analítica, comparaciones constantes, análisis tipológico, enumeración y protocolos observacionales estandarizados. La interpretación e integración de resultados se realiza mediante alguna combinación de los cuatro procesos siguientes: consolidación teórica, aplicación teórica, utilización de metáforas y analogías y síntesis.

Muchos etnógrafos dividen la presentación de sus conclusiones en cuatro fases:

1. presentación resumida de los datos, interpretación

2.  integración de los resultados con áreas de interés más amplias

3.  aplicaciones o significados de los hallazgos .

Siempre que sea posible conviene desarrollar un sistema elaborado de categorías para clasificar datos cualitativos, preservando la complejidad esencial de los materiales de investigación.. Entre los factores inherentes a un buen sistema destacan:

1)        validez y fiabilidad de los datos recogidos

2)         claridad, auto-consistencia, suficiencia del detalle, comunicabilidad, contrastabilidad y que los datos sean completos

3)         expresividad y persuasivida.

 

  Observación participante

Malinowski, el creador de la antropología funcional, fue el primero en enfrentarse a las dificultades que encuentra un investigador de campo al tratar de tender un puente sobre la laguna cultural que separa su propia civilización occidental de la sociedad primitiva que está investigando. Comprendió la necesidad de ser aceptado y adaptarse a las sociedades primitivas que estaba estudiando. De ahí surge la observación participante. Su principal objetivo consiste en lograr una interpretación de los datos que puedan obtenerse.

"Mediante este intercambio natural se aprende a conocerlos y el investigador se familiariza con sus costumbres y creencias mucho mejor que si fuera un informante pagado, y a menudo fastidiado por su trabajo". En la observación participante el observador se dedica a las actividades que está observando. Es uno más del grupo objeto de estudio. Los pasos a seguir se pueden simplificar en los siguientes términos:

 1. Formular una definición grosso modo del fenómeno objeto de estudio.

2. Formular una explicación hipotética del fenómeno.

3. Estudiar un caso a la luz de la hipótesis, con objeto de determinar si esta hipótesis se ajusta a los datos. "

4. Si no se ajusta, se reformula la hipótesis o se redefine el fenómeno. Como consecuencia el caso estudiado queda excluido.

5. Después de examinar un reducido número de casos, se puede lograr cierta certeza práctica. El descubrimiento de casos negativos refuta la explicación provisional y requiere una nueva reformulación.

6. Este procedimiento de examinar casos, redefinir el fenómeno y reformular la hipótesis se continúa hasta que se establece una relación universal. Cada nuevo caso negativo requiere siempre una redefinición del fenómeno o reformulación de la hipótesis.

La observación participante presenta, entre otras, las siguientes ventajas:

a)    es particularmente adecuada cuando se trata de estudiar el comportamiento no verbal

b)   puesto que los estudios observacionales requieren bastante tiempo, el investigador puede desarrollar una relación más íntima e informal con los sujetos que está observando, generalmente en ambientes naturales

c)    los estudios observacionales son menos reactivos que los experimentales; suele haber  menos sesgo entre el comportamiento real y los   datos recogidos.

Entre las críticas a la observación participante destacan: los datos son subjetivos, pueden estar sesgados, muchas veces se trata de simples impresiones, son idiosincráticos, carecen de medidas cuantificadas, carecen de validez interna y externa.

La Justificación de este procedimiento se basa en que el campo de investigación está constituido por personas y es esencialmente significativo. No se trata de moléculas, átomos o electrones. El mundo social está estructurado subjetivamente, con un significado particular para sus miembros. Las tareas del investigador educativo, muchas veces, consisten en explicar los medios según los cuales se establece un orden social y se mantiene, en términos de sus significados compartidos.

Una de las técnicas de análisis de datos más características de la metodología cualitativa es la "triangulación". El principio básico consiste en recoger y analizar datos desde distintos ángulos para compararlos y contrastarlos entre sí. Denzin (1970: 291) define la triangulación como "la combinación de metodologías en el estudio de un mismo fenómeno". Para Kemmis (1983) consiste en un control cruzado entre diferentes fuentes de datos: personas, instrumentos, documentos o la combinación de todos ellos.

Un ejemplo de triangulación en el aula puede representarse mediante un triángulo con el profesor, el observador y el alumno en cada uno de los ángulos. Desde cada uno de ellos se está en posición ventajosa para acceder a ciertos datos. La triangulación es la contrastación de los puntos de vista de los tres ángulos, observando los acuerdos y las diferencias entre los observadores.

La triangulación actualmente se entiende en sentido amplio, dándose cuatro tipos básicos de triangulación y una combinación entre ellos:

Triangulación de datos: se recogen datos de diversas fuentes para su   contraste, incluyendo diversidad:

a) temporal: se recogen datos en distintos momentos para comprobar si los resultados son constantes

b) espacial: se   contrastan datos recogidos de distintas partes para comprobar las coincidencias

 d) personal: se utilizan distintos sujetos (o grupos) para   contrastar los resultados.

Triangulación de investigadores: se utilizan distintos observadores para   comprobar que todos ellos registran lo mismo; diversos investigadores contrastan sus resultados respectivos sobre el mismo tema.

Triangulación teórica: se trabaja sobre teorías alternativas, incluso   contrapuestas, más que sobre un único punto de vista. De esta forma se   pretende tener una interpretación más comprensiva del fenómeno.

Triangulación metodológica: se aplican distintos métodos y se contrastan los   resultados para analizar las coincidencias y divergencias. Se pueden utilizar distintos instrumentos y se contrasta si se llega a las mimas conclusiones.

Triangulación múltiple: se combinan varios tipos de triangulación: datos,  observadores, teorías y metodologías. La combinación de niveles de  triangulación consiste en utilizar más de un nivel de análisis; recordemos los  tres principales niveles de análisis: individual, social e interactivo.

Observación naturalista

El término naturalista describe un paradigma de investigación, no un método. Este paradigma se sitúa en oposición al racionalista. Hay muchos paradigmas para llegar a la verdad y no hay una base para elegir el paradigma más apropiado.

Algunas características del paradigma naturalista son las siguientes:

a)   preferencia por métodos cualitativos

b)  el investigador es el principal instrumento, perdiendo fiabilidad y objetividad con el fin de ganar mayor flexibilidad y la oportunidad de construir sobre el conocimiento tácito.

c)   necesitan teorías que "toquen tierra"

d)  consideración de que se mueven en una naturaleza de realidades múltiples.

e)   la interacción del investigador con las personas investigadas modifica tanto a los sujetos como al investigador.

f)     el diseño de investigación es abierto, "emergente", evoluciona y se desarrolla en cascada, y nunca está completo hasta que la investigación termina arbitrariamente.

g)    se trata de investigaciones de campo.

La observación naturalista es el intento de observar el comportamiento de los organismos en su estado natural, y donde el investigador trata de interferir lo menos posible con el comportamiento del sujeto Los datos observacionales pueden ser de tres tipos:

 1)   narrativas: describen eventos conductuales tal como han ocurrido con ausencia de contenidointerpretativo, como anécdotas, notas de campo, descripciones ecológicas, cartas, diarios, archivos, entrevistas, fotografías, dibujos, documentos varios, etc.

2)   listas de datos: como descriptores estáticos, listas de acción, diario de actividades, etc.

3)   evaluativos: requieren un juicio por parte del observador, como escalas evaluativas numéricas, escalas gráficas, escalas de puntos acumulados, etc.

 

La investigación etnográfica

La investigación etnográfica es un tipo de investigación descriptiva de trabajo de campo realizada por antropólogos culturales o sociólogos cualitativos.

El objetivo consiste en llegar a una "comprensión" de lo que sucede. Para ello, el investigador pasa mucho tiempo en el lugar de estudio. Como metodología puede utilizar entrevistas en profundidad con personas clave (representativas). Muchas veces se realiza una "observación participante", envolviéndose activamente en la actividad objeto de estudio.

Se trata de ver el punto de vista del sujeto: qué significado dan los sujetos a los hechos. No se parte de una hipótesis previa. Los etnógrafos intentan describir sistemáticamente las características de variables y fenómenos, generar y refinar categorías conceptuales, descubrir y validar asociaciones entre fenómenos, comparando constructos y postulados generados desde un fenómeno estudiado en un área concreta con los estudiados en otras áreas o situaciones.

Es inductiva, subjetiva, generativa y constructiva. Inductiva porque parte de la observación de un fenómeno, mediante la recogida de datos. A partir de los hechos observados intenta establecer regularidades. Es subjetiva en la medida en que explícita y analiza datos subjetivos. Su meta esreconstruir las categorías específicas que los participantes usan para conceptualizar sus propias experiencias y su visión del mundo. Es generativa en cuanto intenta generar y refinar categorías conceptuales (constructos y proposiciones), a partir de la descripción sistemática de fenómenos y variables, usando una o más bases de datos como fuente de evidencia. Es constructivista porque las unidades de análisis que han de estudiarse se extraen de lo que va sucediendo (flujo de la conducta). Es un proceso paulatino de abstracción en el que las unidades de análisis se descubren en el curso de la observación y descripción.

Los antropólogos no sólo examinan las estructuras y organizaciones sociales latentes, sino que también estudian los sistemas conceptuales tácitos. El análisis del "curriculum oculto" es, en este sentido, un ejemplo de investigación etnográfica aplicada a la educación.

Suele ser característico de los antropólogos su preferencia por trabajar solos, de tal forma que se llega a considerar como imposible los trabajos antropológicos en equipo. Suelen estar convencidos del antiguo axioma según el cual los problemas hallados en la investigación en equipo aumentan aritméticamente conforme al incremento de investigadores implicados (Cook y Reichardt, 1981: 144).

Todavía se dispone de muy pocos estudios sobre la vida de los estudiantes fuera del marco escolar en relación con la vida de la clase. Heath (1983) aporta una descripción de la vida y el trabajo en la comunidad y la clase.

 

Enfoque etogenético

El enfoque etogenético se centra en las intenciones de actor, en la significación local e inmediata de sus acciones, en sus creencias acerca del tipo de comportamiento que le permitirá lograr sus objetivos y sus conocimientos acerca de las leyes que gobiernan estos comportamientos. Se considera el ser humano como persona, con toda su complejidad e individualidad.

Se identifican cinco principios en el enfoque etogenético:

1.  Distinción entre análisis sincrónico (práctica e instituciones en un momento dado) y diacrónico (etapas y procesos según los cuales las prácticas e instituciones evolucionan).

2.  Se centra en el significado de la interacción (meaning system). Por ejemplo,   el significado de un beso es distinto al despedirse, entre dos enamorados, en   Getsemaní o a la Virgen.

3.  El discurso que acompaña a la acción la hace inteligible y justificable (accounts).

4.  El lenguaje, las tradiciones y el conocimiento (tácito o explícito) dicen como   es la persona.

5.  Uso del sentido común. El poeta y el escritor ofrecen mejores modelos que el  científico físico-natural.

La base de análisis está en el "episodio". Un episodio puede durar minutos o años. Interesa no sólo lo que se hace y lo que se dice, sino también lo que se piensa, cree, siente, las intenciones, etc., desde el punto de vista del actor.

Reviste especial importancia la autoridad del informante. Hay que asegurar que sea una persona "representativa".

La información recogida se debe autentificar. Esto se consigue mediante:

1)    contrastar distintos respondientes

2)    corroboración de expertos

 3)    comparar relatos separados. Los relatos (accounts) deben transformarse en documentos de trabajo que puedan codificarse y analizarse. Los análisis pueden ser cualitativos, pero también cuantitativos. La etapa final es un "relato de relatos" (account of accounts).

 

El análisis de redes sistemáticas (systematie network analysis) es un procedimiento necesario en la recogida e interpretación de la información recogida. Esto consiste, por ejemplo, en distinguir entre lo que parece (seemed) y lo que puede ser observado, distinguir entre comportamiento individual o interpersonal. Por ejemplo, el profesor en clase o fuera de ella; lo mismo con el alumno: algunos alumnos tienen un comportamiento muy distinto en clase o fuera de ella.

 

La etnometodología

La etnometodología se refiere  a una corriente que pretende ser una reflexión sobre la construcción del saber social, no basado en hechos, según la fórmula de Durkheim, sino en el proceso.

Pretende captar la complejidad de las prácticas discursivas de los individuos en contextos sociales.

Se focaliza en la utilización del lenguaje en la práctica social. Se trata de analizar cómo (mediante qué metodología) las personas mantienen un sentido de la realidad externa. No se refiere a los métodos de investigación, sino al tema u objeto de estudio.

Para los etnometodólogos, los significados de las acciones son siempre ambiguos y problemáticos. Su tarea consiste en examinar los modos en que las personas aplican reglas culturales abstractas y percepciones de sentido común a situaciones concretas, para que las acciones aparezcan como rutinarias, explicables y carentes de ambigüedad. Los significados atribuidos por las personas a las cosas son un logro práctico por parte de los miembros de una sociedad.

Para algunos autores la etnometodología se adecua perfectamente a la perspectiva del interaccionismo simbólico (Denzin, 1970). Para otros constituye una corriente separada de la sociología, que sólo puede ser vivida, no descrita, (Mehan y Wood, 1975). No siempre está claro quién es y quién no es un etnometodólogo . Los influyentes escritos de Garfinkel (1967) se han visto rodeados de abundantes controversias. Este autor ha estudiado las reglas del sentido común que rigen la interacción en la vida cotidiana a través de una variedad de experimentos que él denomina "procedimientos de fractura" .

 

El interaccionismo simbólico

En el interaccionismo simbólico la naturaleza de la interacción entre el individuo y la sociedad reviste un papel esencial. No se estudia sólo el individuo (características personales y comportamiento individual), ni tampoco el grupo (estructura social). La interacción es la unidad de estudio. Se basan en el análisis de la vida cotidiana. Atribuyen una importancia primordial a los "significados sociales" que las personas asignan al mundo que les rodea. Tiene conexiones con el psicoanálisis.

El interaccionismo simbólico presenta tres premisas:

1) Los seres humanos actúan respecto de las cosas, e incluso respecto de las otras personas, sobre la base de los significados que estas cosas tienen para ellas.

Las personas no responden simplemente a estímulos. Es el significado lo que determina la acción.

2) La atribución de significados a los objetos mediante símbolos es un proceso social continuo. Los significados son productos sociales que surgen durante la interacción: "El significado que tiene una cosa para una persona se desarrolla a partir de los modos en que otras personas actúan con respecto a ella en lo que concierne a la cosa de que se trata". 

Una persona aprende de las otras a ver el mundo.

3) Los actores sociales asignan significados a situaciones, a otras personas, a las cosas y a sí mismos a través de un "proceso de interpretación". Este proceso tiene dos pasos distintos:

a)    el actor se indica a si mismo las cosas que tienen significado

b)   en función de un proceso de comunicación consigo mismo, la interpretación se convierte en una cuestión de manipular significados. El actor selecciona, controla, suspende, reagrupa y transforma los significados a la luz de la situación en la que está ubicado y de la dirección de su acción.

este proceso tiene lugar en un contexto social. Las personas están constantemente interpretando y definiendo a medida que pasan a través de situaciones diferentes. Personas diferentes hacen cosas distintas, en función de sus experiencias personales previas y según los diferentes significados sociales que han aprendido. Todas las organizaciones, culturas y grupos están constituidos por actores envueltos en un proceso constante de interpretación del mundo que los rodea. Las interpretaciones determinan la acción, y no las normas, valores, roles o metas.

Criterios de credibilidad

 

La credibilidad de la investigación cualitativa ha preocupado a los metodólogos.

El término credibilidad se utiliza en investigación cualitativa con un sentido análogo al de fiabilidad y validez, propios de la metodología cuantitativa.

Guba (1983) destaca los siguientes puntos de preocupación con las correspondientes propuestas de solución para asegurar la credibilidad en las investigaciones cualitativas.

   Valor de verdad: ¿cómo establecer confianza en la verdad de los   descubrimientos?. Mediante la contrastación de las creencias e  interpretaciones del investigador con las fuentes de donde se han obtenido. La  comprobación de la credibilidad implica hacer comprobaciones entre los  participantes.

   Aplicabilidad: ¿cómo determinar el grado en qué pueden aplicarse los   resultados a otros contextos?. Para el naturalista, la transferibilidad es el   concepto equivalente a generalización o validez externa del paradigma   cuantitativo. Depende del grado de similitud entre dos contextos. El   naturalista no pretende realizar generalizaciones, sino formular hipótesis de   trabajo que puedan transferirse a otros contextos similares.

   Consistencia: ¿cómo determinar si los resultados se repetirían en caso de   replicar la investigación?. Para el naturalista la consistencia no significa   estabilidad, sino dependencia; concepto que abarca los elementos de   estabilidad y rastreabilidad. Esta última se refiere a variaciones que pueden   atribuirse a determinados factores: cambios de realidad, instrumentos, error,   etc.

   Neutralidad: ¿cómo establecer que los resultados no estén influidos por el   investigador (motivaciones, intereses, inclinaciones, sentimientos, etc.)? Los   naturalistas comprenden las múltiples realidades que uno encuentra y son   conscientes de los peligros de los posibles prejuicios y predisposiciones del   investigador. Por eso trasladan el peso de la neutralidad a los datos,  requiriendo evidencia de la confirmabilidad de los datos producidos.

 Se propone una estrategia estructurado en cuatro pasos:

1)   diseño de la investigación

2)   recogida de datos

3)   análisis de datos

4)   resumen e integración de resultados.

 

En el análisis de datos hay tres componentes clave:

 a) reducción de los datos

b) examen de la matriz de datos

a)    conclusión y verificación.

El proceso total es iterativo, así como interactivo en la medida en que lo permiten las sucesivas interaciones. Hay que reconocer que este modelo no es muy diferente del modelo de investigación cuantitativa. La principal diferencia estriba en que la investigación cuantitativa se inicia con una sólida base teórica y tiende a proceder secuencialmente de acuerdo con unas etapas claramente establecidas, más que de forma iterativa e interactiva.

Goetz y LeCompte (1988: 212-246) ofrecen algunas directrices para valorar si un estudio etnográfico ha sido realizado de forma adecuada y sus resultados se pueden considerar legítimos. Intentan aplicar los fundamentos de la fiabilidad y de la validez interna y externa propias de la tradición positivista al trabajo de los etnógrafos y de los investigadores cualitativos. La fiabilidad externa se relaciona con la cuestión de si un investigador independiente descubriría los mismos fenómenos o elaborarla idénticos constructos en el mismo escenario y otro similar. El etnógrafo aumenta la fiabilidad externa intentando solucionar cuatro problemas principales: los referidos al status del investigador, la selección de informantes, las situaciones y condiciones sociales, los constructos y premisas analíticos y los métodos de recogida y análisis de datos. La fiabilidad interna se refiere al grado en que otros investigadores coincidirían en los resultados y las conclusiones. Para ello suelen utilizar algunas de las cinco estrategias siguientes: descriptores de baja inferencia, varios investigadores, participantes ayudantes, revisión por otros investigadores y datos registrados automáticamente.

Mientras que la fiabilidad se relaciona con la replicabilidad, la validez concierne a su exactitud. La validez interna se refiere a la medida en que las observaciones y mediciones son representaciones auténticas de la realidad. Goetz y LeCompte (1988: 225-230) señalan que las amenazas a la validez interna descritas por Campbell y Stanley (1973), y resumidas en "Validez del diseño" en la página 155, se mantienen en la etnografía. Aunque aquí plantean problemas algo diferentes y su solución puede abordarse de otro modo. La validez externa es el grado en que las representaciones de la realidad son comparables legítimamente si se aplican a diversos grupos. La credibilidad puede verse afectada por:

a)    selección: algunos constructos pueden no ser comparables cuando se aplican a distintos grupos

b)   escenario: el contexto puede no ser comparable

c)    historia: es única en grupos y culturas, y por tanto incomparable

 d) constructor: las definiciones y significados de términos varían en el tiempo, los escenarios y los grupos.

 

La evaluación de la calidad de los estudios etnográficos es, hasta cierto punto, un proceso intuitivo y subjetivo: un especialista distingue la calidad en cuanto la ve.

Sin embargo, la tarea científica requiere algo más que intuición. Deben establecerse criterios claros de evaluación que puedan ser utilizados por la comunidad científica. para evaluar la calidad de los estudios etnográficos, destacando los cinco criterios siguientes: 

1. Apropiado -------------- Inapropiado

2. Claro -------------- Opaco

3.Comprensivo -------------- Limitado

4. Creíble -------------- No creíble

5. Significativo --------------- Trivial

 

 Estas escalas se aplican a los componentes siguientes:

1)    foco y fin del estudio

2)    marco teórico y conceptual

3)    modelo general de investigación

4)    selección de participantes, escenarios y circunstancias

5)    experiencia y rol del investigador

6)    estrategias de recogida de datos

7)    técnicas de análisis de datos

8)    presentación, interpretación y aplicación de los resultados.

 

El informe de investigación cualitativa

Uno de los problemas con que se encuentra el investigador cualitativo viene en el momento de redactar el informe. Puede resultar que tenga muchos datos recogidos, que tenga muchas ideas, pero no está seguro de que al expresarlas por escrito conserven su frescura originaria. Por eso, a veces, se ve obligado a redactar varias veces el informe hasta dar con una versión satisfactoria; si bien, muy pocas veces llega a una exposición totalmente conseguida. En este punto se encuentra entre la ciencia, y el arte. Deben encontrarse las palabras precisas, ni más ni menos, para describir los fenómenos observados e interpretarlos. Algo de esto queda reflejado en la obra Amadeus de Peter Shaffer. Salien, maravillado ante una obra de Mozart, exclama: "Desplazad una nota, y produciréis degradación; desplazad una frase, y la estructura se derrumbará". Era consciente de que se encontraba en la contemplación de la belleza absoluta.

El operador se quejaba: "Demasiadas notas". Pero el mismo Mozart advertía su valor: "Las notas justas majestad, ni más ni menos que las necesarias" (cit. por Woods, 1987: 187). De hecho, muchos informes tienen mucho en común con la literatura y con la creación artística. Obras clásicas de la literatura podrían considerarse como estudios etnográficos si en lugar de ser ficticios fuesen objetivamente reales.

Hay nueve elementos en un informe:

1)   afirmaciones empíricas (empirical assertions)

2)   viñetas narrativas analíticas (analytie narrativa vignettes)

3)   citas textuales de las notas de campo (quotes from fieldnotes)

4)    citas textuales de las entrevistas (quotes from interviews)

5)    informes de datos sinópticos (synoptie data reports): mapas, tablas de frecuencia, figuras, etc.

6)   comentarios interpretativos enmarcando  descripciones particulares (interpretive cornmentary framing particular description)

7)   comentarios interpretativos enmarcando descripciones generales (interpretive commentary framing general descripüon)

8)   discusiones teóricas (theoretical discussion)

9)   informe de la historia natural de investigación en el estudio (report of the natural history of inquiry in the study).

 

En un informe de investigación hay afirmaciones empíricas, como por ejemplo:

1) en la clase hay dos grupos de alumnos: los buenos lectores y los malos lectores;

2) generalmente, los buenos lectores reciben instrucciones que ponen el énfasis en habilidades de orden superior (por ejemplo en la comprensión lectora); mientras que los malos lectores reciben instrucciones que ponen el énfasis en las habilidades de orden inferior (por ejemplo en el acto mecánico de la decodificación en la lectura)

3) entre los malos lectores hay dos subgrupos: los que se esfuerzan en intentarlo y los que ni siquiera lo intentan. Una ilustración narrativa analítica es una representación vivida de un acontecimiento de la vida cotidiana. Se trata de dar la sensación al lector de que realmente "está allí". Los retóricos griegos la denominaban "prosografia".

En estas ilustraciones no se ofrece ninguna interpretación ni juicio de valor; se limita a describir los hechos.

Erikson (1986: 156) señala que, en la investigación aplicada, un único informe en la forma de monografía etnográfica está probablemente obsoleto.

Son más apropiados múltiples informes, de extensión diversa, cada uno diseñado para unos intereses específicos de unos destinatarios concretos.

Para Woods (1987: 200-201), la conjunción entre riqueza de datos, rigor del análisis y elevación de ideas en la redacción del informe constituye una de las áreas más problemáticas de la investigación cualitativa. Aunque esto sea así para todas las investigaciones, su dificultad es mayor en el enfoque cualitativo, debido a:

1) el énfasis que se pone en el investigador como instrumento fundamental de la investigación

2) la naturaleza de la investigación como proceso:   diálogo abierto y continuado entre recogida de datos  y teoría

 3) la necesidad de considerar el proceso de escritura como un instrumento importante en la producción de ideas, y no sólo de su comunicación.

Sugerencias para el momento de redactar el informe:

 1) antes de comenzar bosqueje sus ideas en un papel

2) decida a qué público quiere llegar y adapte el estilo y el contenido a esta decisión

3) los lectores deben saber hacia donde se apunta

4) sea conciso y directo

5) sustente el escrito con ejemplos específicos

6) ante el "bloqueo del escritor, escriba algo, cualquier cosa

7) haga que colegas o amigos lean y comenten su escrito.

Tradicionalmente se ha recomendado presentar los trabajos científicos redactados en una despersonalizada tercera persona singular o primera del plural. En la investigación cualitativa muchas veces el investigador es el instrumento y además se define como participante; como consecuencia puede expresarse en primera persona del singular.

Investigación cualitativa versus investigación cuantitativa La investigación cuantitativa se basa sobre muestras grandes y representativas de sujetos. Son estudios extensivos que utilizan la estadística en el análisis de datos. Hasta los años cincuenta predomina el método cuantitativo en investigación educativa. A partir de entonces empiezan a surgir críticas y alternativas, aunque con un predominio claro de la metodología cuantitativa. No es hasta la década de los ochenta cuando irrumpe vigorosamente la metodología cualitativa.

La investigación cualitativa se basa sobre una muestra reducida de sujetos, seleccionados por algún método generalmente no probabilístico. Son estudios intensivos y en profundidad.

Recientemente ha surgido una polémica entre partidarios de ambos enfoques, que, por otra parte, ya había surgido en ocasiones anteriores. Tenemos las dicotomías siguientes: positivismo contra fenomenología, el método hipotético-deductivo contra el inductivo, metodología cuantitativa contra metodología cualitativa, paradigma racionalista contra paradigma naturalista, investigación nomotética contra investigación idiográfica, comprensión contra interpretación, cuantificadores contra descriptores, científicos contra críticos, rigor contra intuición, evaluación dura contra evaluación blanda, etc.

De Landsheere (1982: 23-43; 1986: 332-342) presenta el debate con dos ejemplos ilustrativos: Cronbach y Campbell. Ambos habían desarrollado con todo rigor los métodos cuantitativos y, con 24 horas de diferencia, expusieron sus tesis cualitativas.

El prestigio de Campbell es harto notorio y no es necesario insistir en sus aportaciones cuantitativas (véase Campbell y Stanley, 1973). En su comunicación a la Asamblea de la APA (American Psychological Association) del 1 de septiembre de 1974, con el título de Qualitative knowing in action research (Conocimiento cualitativo en investigación acción), objeta el enfoque exclusivamente cuantitativo. Lamenta que el enfoque cuantitativo haya privado a la ciencia de obtener en lo cualitativo un "refuerzo de validación en el buen sentido". Señala como a partir de Malinowski los antropólogos han aprendido que deben participar en la vida de los pueblos cuya cultura desean estudiar. De todas formas, Campbell (1974) concluye: "Sin embargo, no me parece que dichas etnografías puedan aportar por sí solas la prueba de la eficacia de un programa: en realidad no pueden reemplazar una buena evaluación cuantitativa experimental" (p. 21).

Con esto pretende llegar a una perspectiva unificadora entre lo cuantitativo y lo cualitativo.

En 1957, en su Conferencia inaugural de la APA, con el título de Las dos disciplinas de la psicología científica, Cronbach (1974) se había referido al método experimental y al correlacional. Estos dos métodos son los que definen el título de la obra de Alvira et al. (1979). En 1974, en su famosa comunicación a la Asamblea de la APA del día 2 de septiembre, con el título de Más allá de las dos disciplinas de la psicología científica, Cronbach (1974) defiende el enfoque histórico, dándole un monopolio de validez en ciencias sociales. "Cuando se consideran las ínteracciones, se penetra en un palacio de espejos donde la imagen se refleja hasta el infinito". Como no es posible llegar a tal nivel de precisión y análisis, Cronbach considera que ha llegado el momento de "exorcisar la hipótesis nula". De esta forma asume la opción clínica: renunciar a elaborar teorías generales y limitarse a la observación y descripción del individuo en un momento dado y en un contexto determinado.

Un proceso paralelo sigue Stake, el cual propone la evaluación cualitativa de programas. De Landsheere (1986: 332-342) ofrece más detalles sobre el cambio de enfoque operado en Cronbach, Campbell y Stake. La virulencia de la reacción contra la investigación nomotética queda bien patente en la evaluación iluminativa de Parlett y Hamilton (1983), según los cuales la evaluación educativa se parece más a la crítica de arte que a una medición y evaluación objetiva.

El debate cualitativo versus cuantitativo se ha convertido, para muchos, en debate sobre la concepción de la realidad social. A este nivel, los puntos de vista pueden llegar a ser irreconciliables.

Sin embargo, si nos limitamos al aspecto metodológico, ambos enfoques pueden ser complementarios. Si bien, esta posibilidad no está exenta de dificultades.

Muchas de ellas debidas a distintos enfoques y puntos de vista que adoptan los teóricos que se ocupan del tema. Es decir, la inconmensurabilidad (Feyerabend, 1981: 118-133), según la cual las interpretaciones científicas dependen del marco teórico. Así, por ejemplo, Gage (1978), entre otros, defiende un orden de estudios en el cual la descripción general cualitativa de un reducido número de casos es el primer estadio de investigación. Después de identificar las variables importantes y los constructos subyacentes, se realizan estudios correlaciones proceso-producto en gran escala. El último estadio consiste en investigaciones experimentales controladas para establecer el encadenamiento causal entre las variables. Estos estadios suponen una colaboración entre la investigación cualitativa y la cuantitativa. En la dirección opuesta, Erikson (1986) reclama que toda generalización basada en estudios correlacionales o experimentales, debe ir seguida de estudios etnográficos particulares y concretos. Esto ejemplifica como en este punto no hay acuerdo en la concepción teórica de la investigación educativa.

Deutscher (cit. por Taylor y Bogdan, 1986: 134) señala que uno sólo puede entrenarse en algo que ya existe. Mientras que ser educado consiste en aprender a crear de un modo nuevo. Debemos crear constantemente nuevos métodos y enfoques. C.

Wright Mills (cit. por Taylor y Bogdan, 1986: 134) recomienda: en investigación sea un buen artesano. Evite un conjunto rígido de procedimientos.

Sobretodo trate de desarrollar y aplicar la imaginación. Eluda el fetichismo del método y la técnica. Que cada uno sea su propio metodólogo. Esto, que se aplica perfectamente a la investigación cualitativa, probablemente también debería tenerse presente en investigación cuantitativa. De hecho, algunos empiezan a aplicarlo. Por nuestra parte insistimos en que el método es importante como guía; pero en la medida en que uno se sienta excesivamente encorsetado por los meticulosos requisitos del método, puede ver anulada su creatividad. En este momento, deberá recordar lo que antecede.

Cook y Reichardt (1986) aportan argumentos para demostrar que la investigación cualitativa y la cuantitativa son compatibles, o incluso complementarias. Si interesa más el proceso se recomienda utilizar métodos cualitativos. Si interesa más el producto se recomienda utilizar métodos cuantitativos. Con Cook y Reichardt (1986) y De Landsheere (1982: 23-43) coincidimos en apuntar que ambos enfoques tienen su campo de aplicación, sus objetivos y funciones. Los métodos cuantitativos y cualitativos deben complementarse

 

 

ÉTICA Y RESPONSABILIDAD PROFESIONAL

INTRODUCCIÓN 

En lo que sigue me propongo defender las siguientes tesis: Primera, que la responsabilidad es una condición inexcusable de la naturaleza humana, de tal modo que ser hombre es estar continuamente 'justificando' los propios actos, o si se prefiere, 'dando cuenta' o 'rindiendo cuentas' de lo que uno hace. Segunda, que la responsabilidad humana es de dos tipos, ya que el fenómeno de 'dar cuenta' o 'rendir cuentas' tiene dos formas, una primaria o ética, que consiste en el hecho de 'dar cuenta', dar uno cuenta ante sí mismo o darse cuentas a sí mismo, y otra secundaria o jurídica, que consiste en el hecho de 'pedir cuentas', por tanto, que los demás le pidan a uno cuentas de lo que ha hecho o hace. Tercera, que al propio concepto de profesión le es inherente no sólo el tipo de responsabilidad que hemos llamado secundaria o jurídica, sino también, y principalmente, el de responsabilidad primaria o moral.  Y cuarta y última, que las vías clásicas de control y fomento de la ética profesional han resultado ser muy poco eficaces, y que hoy es preciso plantear el tema de la responsabilidad ética de los profesionales desde perspectivas nuevas y con criterios distintos de los clásicos, como los de la calidad y la excelencia, que ya parecen estar dando importantes frutos en otros campos.  

Para explicar, defender y, si puedo, probar estas tesis, voy a dividir mi exposición en cuatro partes, una por tesis: una primera, que tratará sobre el concepto de responsabilidad, otra sobre la articulación de la ética y el derecho, y por tanto de la responsabilidad ética con la jurídica, la tercera sobre los conceptos de profesión y de responsabilidad profesional, y la cuarta sobre responsabilidad profesional, calidad y excelencia. 

I. LA RESPONSABILIDAD, CONDICIÓN INEXCUSABLE DE LA NATURALEZA HUMANA 

El término castellano responsabilidad, es un sustantivo abstracto, derivado de otros términos más simples y concretos, a la cabeza de todos el verbo responder. Ser responsable es ser capaz de responder, tener la capacidad de responder. En principio, no es una característica específicamente humana. Los animales también responden, positiva o negativamente, según el tipo de estímulo que reciben. Sin embargo, todos nos negaríamos a considerar a los animales responsables de sus actos. Sería absurdo. Los animales responden, pero no tienen responsabilidad. Y esta pequeña, sutil diferencia tiene consecuencias enormes, superlativas. Los animales responden, pero sus respuestas están naturalmente determinadas. En el animal hay por principio una perfecta adaptación natural al medio, ya que en caso contrario desaparece. De las respuestas del animal se puede y debe decir que son adaptadas a su medio, pero no que son correctas o responsables. La adaptación es natural, es un fenómeno no natural. La corrección o responsabilidad no es natural; más aún, puede ser antinatural, o contranatural. Intentando expresar plásticamente estos conceptos, Max Scheler afirmó que el hombre es el único animal capaz de decir no. ¿No a qué? No a la naturaleza, al medio natural. Lo cual quiere decir, prosigue Scheler, que el hombre no vive en un medio pura y estrictamente natural, sino en algo distinto, en un mundo de sentido. Los animales tienen medio; los hombres mundo. El medio es el ámbito de las respuestas naturales, el mundo, por el contrario, es el ámbito de la responsabilidad moral. El hombre tiene, por extraña y asombrosa paradoja, que adaptarse no a un medio sino a un mundo, y para ello sus respuestas no pueden ser meramente naturales, sino que necesitan ser responsables o morales. Probablemente no tenemos que concebir esta peculiaridad humana como algo absolutamente distinto y hasta contrario al orden natural, como pensó el ya citado Max Scheler. La biología alemana y anglosajona de hace algunas décadas demostró contundentemente que la inteligencia humana, y todas sus consecuencias, entre ellas el lenguaje y la moralidad, no parecen haber surgido por mecanismos distintos a los evolutivos, y que por tanto su función biológica no es otra que la de adaptación al medio. La especie humana no hubiera sido capaz de subsistir biológicamente sin esa nueva propiedad de adaptación al medio que es la inteligencia. La función primaria de la inteligencia, y por tanto de la moralidad, es biológica: hacer viable la existencia de una especie que, en caso contrario, vería su persistencia gravemente amenazada. Zubiri se hizo, entre nosotros, eco de estas teorías, y las convirtió en uno de los conceptos fundamentales de todo su pensamiento. La inteligencia es un mecanismo biológico de adaptación al medio, bien que de características absolutamente nuevas; tan nuevas, que sitúan al hombre no en un medio más o menos circunscrito, sino en el piélago de la realidad. De donde la respuesta ya no puede venir dada por ,  selección natural, sino por un procedimiento nuevo que es la elección libre y responsable. El animal vive ajustado a su medio, o perece, desaparece; el hombre, por el contrario, tiene que hacer su propio ajustamiento, es decir, tiene que “iustum-facere”, «justi-ficarse».  

Esto quiere decir que el hombre es naturalmente un ser moral. O dicho de otra manera: los actos morales son, por definición, actos libres, pero el hecho de la moralidad no es libre, es necesario. El hombre es necesariamente un ser moral. Son las paradojas de la vida humana: los hombres están condenados a ser libres; son necesariamente seres morales; etc. La responsabilidad es, por ello, una condición inexorable de la realidad humana: el hombre puede responder de una u otra forma, puede responder bien o mal, mejor o peor, inteligente o atolondradamente, pero no puede no responder. Vivir es responder, y responder responsablemente. De ahí que el hombre es el animal que está continuamente rindiendo cuenta o dando cuenta de sus propios actos. El hombre es el único animal que puede, debe y tiene que rendir cuentas.  

Baste lo dicho como explicación y prueba de la primera tesis. Que la  responsabilidad es una condición inexcusable de la naturaleza humana, de tal modo que ser hombre es estar continuamente justificando los propios actos y dando cuenta de las propias acciones.  

II. RESPONSABILIDAD ÉTICA Y RESPONSABILIDAD JURÍDICA 

El fenómeno de dar cuenta o rendir cuentas, en que hemos hecho consistir el fenómeno de la responsabilidad, es complejo. Hay varios modos de dar o rendir cuentas. Uno puede, en primer lugar, darse cuenta o rendirse cuentas a sí mismo, Esto no es sólo una posibilidad, sino también una necesidad inexcusable. Eso ante lo que uno tiene que estarse dando o rindiendo cuentas continuamente es lo que se ha dado en llamar conciencia. La conciencia se ha comparado muchas veces a una especie de voz interior, que aprueba o reprueba nuestras conductas, y por tanto nos dice si lo que hemos hecho es bueno o malo, es decir, si hemos actuado responsable o irresponsablemente. Tal es la razón de que se hable de la voz de la conciencia. Se trata de una voz que manda, que es imperativa, y que en tanto que tal se parece a un tribunal. De ahí que la conciencia haya sido siempre considerada, también, como el primer tribunal que el hombre tiene y ante el que debe rendir cuentas, el llamado tribunal de la conciencia. 

Es muy probable que esto de la conciencias parezca excesivamente intimista y etéreo. Y en parte lo es; pero sólo en parte. Hay idiomas, como el alemán, en el que tienen dos palabras para designar esta conciencia de que estamos hablando, la conciencia moral, y la conciencia psicológica. La primera se llama en alemán Gewissen, y la segunda Bewusstsein, dos palabras claramente distintas. Hasta tal punto son distintas la conciencia psicológica y  la conciencia moral, que del que ha perdido la conciencia psicológica decimos que está «inconsciente», en tanto que la inconsciencia moral tiene un carácter distinto y se denomina de otro modo, como por ejemplo en las expresiones, es un hombre sin conciencia, o este hombre no tiene conciencia. Estar inconsciente y no tener conciencia son cosas completamente distintas. Para decir lo primero se utiliza en castellano un verbo muy impersonal, el verbo estar en tanto que para lo segundo se echa mano de un verbo más personal, el verbo tener, y sobre todo el más personal de todos, el verbo ser. No es lo mismo decir de alguien que es un inconsciente, que afirmar de él que está inconsciente.  

Pero a pesar de todas estas diferencias, la conciencia psicológica y la conciencia moral tienen profundas vinculaciones entre sí. Esa es la razón de que se haya utilizado la misma palabra para designarlas, la palabra conciencia, y que la diferenciación entre una y otra se haga en castellano, y en general en los idiomas romances, sólo por el contexto de la frase, y especialmente por el verbo. Es que la conciencia moral no es una especie de voz ciega o sentimiento irracional que nos hace inclinarnos en favor de una de las opciones o en contra de la otra. Todo lo contrario. La conciencia moral no es otra cosa que el juicio de la propia razón sobre la moralidad de las acciones que realizamos. La      condición humana exige que sometamos nuestras acciones al juicio de nuestra propia razón, al tribunal de nuestro saber, de nuestra scientia. Y ese someter a examen es lo que significa el prefijo cum de la palabra latina cum-scientia, de la que deriva nuestra palabra castellana conciencia. Y como nuestra razón puede ser más o menos ilustrada, más o menos sabia, resulta que nuestra conciencia también puede serio. Dicho de otra manera, la conciencia es cualquier cosa menos un tribunal ciego; es nada menos que el tribunal de nuestra razón, en tanto que volcada a juzgar las acciones en su condición de buenas o malas, correctas o incorrectas. Pues bien, esta razón que analiza actos humanos en tanto que buenos o malos, es lo que se conoce con el nombre de razón moral. El tribunal de la conciencia es el tribunal de la razón moral. No es el único ni el último, pero sí el primero y quizá el más importante. Todos los demás, como ahora veremos, dependen en muy buena medida de él.  

Pero en el mundo hay otros tribunales y hay otras voces; hay otras responsabilidades. Además de dar cuenta ante sí mismo o rendirse cuentas, el hombre tiene que dar cuenta o rendir cuentas a los demás, porque éstos tienen la capacidad de pedirle cuentas. No sólo pide cuentas la razón bajo forma de conciencia, sino también los demás hombres, la sociedad. Tal es el origen de otro tipo de responsabilidad, la llamada responsabilidad jurídica.  

Un modo quizá ilustrativo de articular, las relaciones entre ambas, es acudiendo a la metáfora contractualista del origen de la sociedad, En el estado de naturaleza el hombre tiene derechos y obligaciones morales, que la tradición contractualista objetivó en la tabla de derechos humanos, en especial los derechos civiles y políticos. Por tanto, en el estado de naturaleza habría responsabilidad moral, pero no responsabilidad jurídica o legal. Ésta sólo surge cuando los hombres se ponen de acuerdo, y mediante el contrato social crean el Estado. Éste es el origen de la legalidad, y por tanto de la responsabilidad legal. No hay más que acudir a los padres de la teoría contractualista, Hobbes o Locké, para darse cuenta de ello. Ambos autores, cada uno a su modo, consideran que el estado de naturaleza no es un estado de licencia, porque está regido por una ley, la ley natural, que coincide con la razón, y que es el fundamento de la moralidad. Lo que no hay en el estado de naturaleza es ley positiva, porque ésta no puede tener existencia más que después de constituido el Estado. La ley jurídica es, pues, ulterior a la ley moral, y depende de ésta como de su fundamento.  

La tradición liberal no sólo ha distinguido ética de derecho, sino que además los ha articulado de un modo muy preciso. El mundo de la ética es el primario y fundamental, y tan amplio como la propia vida humana. Vivir es estar tomando decisiones morales. Todo tiene una dimensión ética. Lo que sucede es que, una vez constituido el Estado, éste toma sobre sí unas funciones éticas específicas, las de fijar y defender los mínimos exigibles a todos por igual en el campo de las relaciones interhumanas. El Estado se convierte en garante de la integridad física, la no discriminación social y la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos, y para ello no tiene más remedio que convertir esos principios, que por definición son éticos, en ley positiva. Además, va a garantizar a todos ellos que puedan llevar a cabo de modo libre y autónomo sus respectivos proyectos de vida, sus ideales de perfección y felicidad, es decir, sus proyectos de máximos. De este modo, se establecen como dos niveles. Uno primero, que define los mínimos en nuestras relaciones con los demás, y que se expresa en forma de ley pública; y otro segundo, en el que se deja a los individuos y a los grupos sociales libertad para que elaboren su vida conforme a sus ideales privados, a sus propios sistemas de valores, a sus ideas de perfección y felicidad. El primer nivel define lo que hoy se conoce con el nombre de ética de mínimos, que puede, debe y tiene que expresarse en forma de ley. El segundo nivel, por el contrario, está constituido, por la ética de máximos, es decir, por el proyecto de perfección y felicidad de cada uno. Dice Aristóteles al comienzo de la Ética a Nicómaco que todos los hombres quieren ser felices. Pero que cuando se pregunta a cada uno qué entienden por felicidad, se ve que no se ponen de acuerdo, porque cada uno la entiende de una manera. No nos hagamos ilusiones. El Estado no tiene por misión hacer felices a los hombres, sino defender la integridad física de todos y cada uno, velar por su no discriminación social, y procurarles igualdad de oportunidades. Nada más. Siempre que el Estado ha querido hacer a los hombres felices por decreto, el resultado ha sido desastroso, y ha acabado en la más atroz de las infelicidades. Hay, pues, dos niveles, uno jurídico y otro propiamente ético, con dos objetivos distintos, el de procurar unos mínimos iguales para todos, en el primer caso, y el de posibilitar la libre realización de los propios ideales de vida, en el segundo. El primero puede llamarse con toda propiedad nivel jurídico, y el segundo nivel ético. Los dos se rigen por criterios muy distintos, casi opuestos. Así, por ejemplo, el primero define las obligaciones que cada uno tenemos con todos los demás miembros de la sociedad, no con nosotros mismos; en tanto que el segundo define las obligaciones para con nosotros mismos, no para con los demás. Yo no puedo marginar a los demás en su vida social, ni herirles en su integridad física, pero sí puedo marginarme a mí mismo, haciéndome anacoreta, o puedo ponerme en huelga de hambre, aun en el caso de que ello me acarree grave daño físico, o incluso la muerte. Otra característica diferenciante, es que en el primer nivel, el jurídico, la coacción no priva de moralidad al acto, en tanto que en el segundo sí. En consecuencia, pues, podemos decir que hay dos tipos de responsabilidades, la jurídica y la ética, de características muy distintas. La primera rige fundamentalmente nuestras obligaciones para con los demás, y la segunda para con nosotros mismos. En la primera, los demás, a través del Estado, nos pueden pedir cuentas; en la segunda somos nosotros mismos los únicos que podemos pedirmos cuentas. Tal es lo que quería decir como comentario y explicación de mi segunda tesis, que como recordarán, decía así: La responsabilidad humana es de dos tipos, de tal manera que el fenómeno de dar cuenta o rendir cuentas tiene dos formas, una primaria o ética, que consiste en el hecho de dar uno cuenta ante sí mismo o darse cuentas a sí mismo, y otra secundaria o jurídica, que consiste en el hecho de pedir cuentas, por tanto, que los demás le pidan a uno cuentas de lo que ha hecho o hace.  

III. EL CONCEPTO DE PROFESIÓN Y LA RESPONSABILIDAD PROFESIO NAL  

Es en este marco en el que, a mi entender, debe situarse el concepto de responsabilidad profesional. ¿Qué es la responsabilidad profesional? ¿En qué consiste? ¿Es responsabilidad jurídica? ¿Es responsabilidad moral? permitidme que avance una primera respuesta, a expensas de su ulterior justificación. Mi respuesta es la siguiente: lo mismo que hay dos tipos de responsabilidad, la primaria o moral y la secundaria o jurídica, hay dos tipos de profesiones, las primarias y las secundarias, que tradicionalmente se han llamado profesiones las primeras, y ocupaciones u oficios las segundas. Pues bien, a todo lo largo de la historia occidental, las profesiones primarias o profesiones propiamente dichas se han caracterizado por poseer el tipo de responsabilidad que hemos llamado primaria o moral, en tanto que las ocupaciones u oficios han gozado sólo de la responsabilidad secundaria o jurídica. Dicho en otros términos, las ocupaciones u oficios han estado sometidas siempre a responsabilidad jurídica, en tanto que las profesiones propiamente dichas han gozado de impunidad jurídica, precisamente por hallarse sometidas a la responsabilidad primaria o moral. En consecuencia, puede afirmarse que históricamente, ambas responsabilidades, la moral y la jurídica, no sólo no han ido parejas, sino que más bien han sido antagónicas: el disfrute de la responsabilidad fuerte eximía de responsabilidad jurídica, y al revés. Esta exención de responsabilidad jurídica tiene un nombre, impunidad. A las profesiones auténticamente tales se les suponía máxima responsabilidad moral, y por ello también absoluta impunidad jurídica. Por impunidad jurídica entiendo impunidad de jure, por tanto, ausencia de reglas o normas jurídicas que permitan juzgar o procesar a los profesionales. Si se analiza la historia de la medicina, se ve lo escasísimas que son estás normas, así como su carácter coyuntural. Esto explica que de facto la impunidad fuera prácticamente total. Salvo casos muy excepcionales, el médico ha sido de hecho impune, aunque a veces, coyunturalmente, no lo haya sido de derecho. Y en cualquier caso puede afirmarse sin miedo a errar que tradicionalmente no sólo se ha diferenciado con toda nitidez la responsabilidad moral de la jurídica sino que la primera ha protegido contra la segunda. El profesional auténticamente responsable era por ello mismo impune. Naturalmente, esto que vengo llamando profesiones fuertes o auténticamente tales agrupa a un número muy pequeño y excepcional de actividades humanas. En el fondo sólo a tres: el sacerdocio; la realeza (y la judicatura como derivación suya) y, en fin, la medicina. Intentemos explicar esto con algo más de detalle. Es curioso que el término profesión tenga un sentido prácticamente idéntico al de responsabilidad.  

Hasta tal punto debieron hallarse unidos en su origen. El sustantivo profesión, presente en todas las lenguas romances, deriva del término latino professio. Éste procede, a su vez, del sustantivo fassio, muy raro en latín, pero que ha pervivido en sus compuestos professio y confessio; por su parte, el adjetivo fassus, también infrecuente en latín, ha perdurado en confessus y professa. Ambos compuestos guardan, una estrecha relación entre sí, de modo que el verbo profiteor (prófessus surn) significa confesar en alto o públicamente, proclamar, prometer, y professio tiene, además del sentido de profesión, el de confesión pública, promesa o consagración. Ovidio llama professae (feminae) a las prostitutas que se han inscrito como tales en los registros municipales (Ov F.@ 866), y Cicerón utiliza profiteri se medicum, grammaticum, en el sentido de confesarse públicamente (o ser reconocido públicamente como) médico o gramático, de donde derivó profiteri medicinam, grammaticam, enseñar medicina o gramática, razón por la que profiteor adquirió el sentido de enseñar.  

Durante la Edad Media el término professio aumenta este sentido de consagración social o pública, adquiriendo el de consagración religiosa. Las profesiones por antonomasia van a ser la professio monastica (el ingreso en la vida regular monástico mediante el compromiso público y solemne de guardar los votos y la regla, tras el año de prueba o noviciado), y la professio canonici (el reconocimiento público de la jurisdicción de un obispo por parte de su clero y sus fieles). Desde aquí se introduce en los siglos finales de la Edad Media en las lenguas romances, en las que por ello mismo sigue conservando el sentido primariamente religioso de confesión pública de la fe o consagración religiosa. Aún hoy son usuales en nuestras lenguas expresiones tales como hacer profesión de fe o profesar en religión, en las que el término adquiere toda su originaria gravedad. 

Este sentido fuerte del término profesión ha ido devaluándose hasta casi desaparecer en los últimos decenios, como consecuencia de la ampliación de su ámbito de cobertura a la casi totalidad de los agentes sociales. Hoy suele llamarse profesionales a todos aquellos que ejercen un cometido técnico específico, aprendido conforme a normas impuestas por los poderes públicos, quienes además, monopolizan la capacidad legal para autorizar su ejercicio. Se habla de «formación profesional», y del piloto y del ingeniero se dice que son profesionales. Claro está que siguen diferenciándose estas nuevas profesiones de las clásicas, es decir, de las llamadas profesiones liberales, como el Derecho o la Medicina, que continúan conservando un nivel superior y excepcional.  

La ciencia sociológica no se ha dejado conmover por los nuevos usos del lenguaje, y distingue taxativamente entre ocupación y profesión. El maquinista y el soldador tienen oficios, ocupaciones, pero no son profesionales en sentido estricto. Para que un cierto ejercicio técnico pueda ser calificado de profesional se requieren varias condiciones que, para Talcott Parsons, son las siguientes: universalismo (el profesional evita la acepción de personas por razón de la amistad, el parentesco o cualquier otro tipo de vínculo social), especificidad funcional, (ejerce una función social limitada a un cierto ámbito científico o técnico, en cuyo interior actúa con autoridad, pero fuera del cual carece de toda competencia reconocida), neutralidad afectiva (no puede dejarse llevar por los sentimientos positivos o adversos hacia los clientes), y, en fin, orientación hacia la colectividad (de los profesionales se espera que actúen por motivos altruistas, no por el lucro económico).  

De todas estas notas, universalismo, especificidad funcional, neutralidad afectiva y orientación hacia la colectividad, la última es la que resulta más llamativa. Nadie espera del comerciante con pérdidas continuadas que mantenga indefinidamente abierto su establecimiento. Pero de los profesionales se pide que actúen de forma altruista, que no conviertan su ocupación en negocio.  

El rol que desempeñan en el cuerpo social es tan importante que no puede pagarse con dinero, razón por la que no reciben pago formal de sus servicios sino cantidades simbólicas en concepto de honor, honorarios. Como escribe Parsons, se espera de los comerciantes que impulsen sus intereses financieros por medidas tan agresivas como los anuncios de propaganda. No se espera de ellos que vendan a sus clientes sin entrar a considerar si éstos han de pagarles o no, como se espera, en cambio, que el médico haga con sus pacientes. Del médico, como del sacerdote, se espera altruismo, orientación desinteresada hacia la colectividad. El rol sociológico de la medicina es muy parecido al sacerdotal. Esta idea es muy antigua en la cultura occidental. A todo lo largo de su historia ha corrido la metáfora de que en el mundo hay tres grandes órdenes, el orden del macrocosmos, cuyo señor es Dios y su representante el sacerdote; el orden del mesocosmos o de la república, cuyo señor es el Rey y su representante el juez; y el orden del microcosmos o cuerpo humano, cuyo señor es el Médico. Y como el microcosmos recapitula de algún modo al macrocosmos y al mesocosmos, el médico asume de alguna forma los roles de sacerdote, de juez y de científico, que son a la vez legislativos, ejecutivos y judiciales. Estos poderes son los que definen a las auténticas profesiones como tales. El sacerdote, el rey y el médico reúnen de alguna forma en su persona los tres poderes, el legislativo (definiendo lo que es santo o pecaminoso, justo a injusto, sano 0 enfermo), el ejecutivo (poseyendo en exclusividad el uso de las técnicas que permiten pasar de una categoría a otra, de la enfermedad a la salud, de la injusticia a la justicia, del pecado a la santidad) y el judicial (diferenciando a los hombres de acuerdo con estos criterios). De ahí el poder inherente a estas tres actividades, las únicas que en el rigor de los términos merecen el nombre de verdaderas profesiones.

Tras este ya algo prolijo análisis, parece posible concluir que las profesiones auténticas o fuertes han gozado de responsabilidad moral e impunidad jurídica, en tanto que las profesiones débiles u ocupaciones han estado siempre sometidas a la responsabilidad débil o jurídica. Esto es absolutamente obvio en el caso de la sanidad o cuidado del cuerpo. Antes hemos dicho que la medicina ha sido desde tiempos muy antiguos una profesión fuerte, a la que se exigía gran responsabilidad moral a la vez que se le otorgaba (las más de las veces de jure y casi siempre defecto) impunidad jurídica. Pero junto a la medicina estaba la cirugía, que hasta el siglo XVIII fue siempre considerada como ocupación manual o débil, y que desde tiempos muy remotos ha estado sometida a un estricto control jurídico civil y penal. Al menos desde la época de Hammurabi, es posible seguir la historia de las penas jurídicas en el caso de negligencia quirúrgica. No así, empero, en el caso de negligencia médica. Al médico, al internista, no se le han pedido responsabilidades jurídicas más que en casos absolutamente excepcionales. En las situaciones normales, hasta hace muy pocos años ha valido como norma la descripción que en pleno siglo XVII hizo Quiñones de Benavente en uno de sus entremeses:

 Un doctor, aunque tenga las letras de ayer acá, con dos guantes y una barba empieza luego a ganar. Yo no sé más que mi mula, mas si veo un orinal, diré lo que tiene dentro a veinte pasos y más. Si muere, llegó su hora; si vive, me hago inmortal. ¡Bien haya la ciencia, amén, donde no se puede errar! 

La medicina es como un sacerdocio, y por ello sus opiniones tienen el carácter de dogmas. Como dice Quiñones de Benavente, la medicina es una ciencia donde no se puede errar. ¿Cómo, entonces, pedir responsabilidades jurídicas? Es sencillamente imposible. Por las mismas kalendas, definía el genial Quevedo la medicina en estos términos:

¿Tú sabes qué es Medicina? Sangrar ayer, purgar hoy, mañana ventosas secas, y es otro kirie-eleisón: dar dineros al Concejo, y presentes al qué sanó por milagros o por ventura; barbar bien, comer mejor, contradecir opiniones,  culpar siempre al que murió de que era desordenado, y ordenar su talegón; que con esto y buena mula, matar cada año un lechón, y veinte amigos enfermos no hay Sócrates como yo.  

La impunidad del médico se ha debido siempre al hecho de que él es, y no puede no ser, juez y parte al mismo tiempo. El médico interviene en la relación terapéutica con el enfermo, y por tanto puede actuar bien o mal, diligente o negligentemente; pero a la vez es el único que puede decir si algo ha sido o no una negligencia. Es el propio Quevedo quien pone en boca de un fallecido estas palabras:  

Voto a tal, que sólo estoy sentido aquí del doctor, que no solamente me persiguió sano, me mató enfermo, sino que pasa la ojeriza a la sepultura; y en expirando uno, por disculparse dice de él mil infamias: Dios le perdone; que el mucho beber le acabó; ¿cómo te habíamos de curar si era desordenado? El era insensato, estaba loco, no obedecía a la medicina, estaba podrido, era un hospital; el vivió de suerte, que le ha sido mejor; esto le convenía (¡miren qué convenía éste a mi costal!); llegó su hora. Pues tomen el dicho (médico) a la hora de todos los difuntos, y ella (la muerte) dirá que ellos (los médicos) la llevan (a la muerte, es decir, que la hacen ir a su paso) y la arrastran, y que ella no se llega (es decir, no es capaz de ir tan deprisa). ¡Oh, ladrones! ¿No basta matar a uno y hacerle que pague su muerte, costumbre de los verdugos, sino tener la disculpa de la ignorancia en la deshonra del pobre difunto?  

Citando estos párrafos no estoy tratando de atacar a la profesión médica. Nada más alejado de mis propósitos. Más bien intento demostrar lo contrario, que la medicina no sólo ha gozado siempre de impunidad, sino que en alguna medida la seguirá disfrutando siempre, y que es bueno que así suceda. No quisiera ser mal entendido. No pretendo justificar lo injustificable. Pero sí me parece necesario recordar que sólo la medicina es competente en definir lo que es buena o mala práctica. Esto explica por qué los jueces han de acudir en múltiples ocasiones a los propios médicos para poder decidir si una actuación ha sido negligente o no. Al final siempre es la medicina la que ha de decidir sobre sus propias conductas.  

La impunidad del médico se ha debido siempre al hecho de que él es, y no puede no ser, juez y parte al mismo tiempo. El médico interviene en la relación terapéutica con el enfermo, y por tanto puede actuar bien o mal, diligente o negligentemente; pero a la vez es el único que puede decir si algo ha sido o no  una negligencia. Esto es así, y tal es la razón de que la medicina no sólo haya gozado siempre de impunidad, sino que la seguirá disfrutando en el futuro, y que es bueno que así suceda. No quisiera ser mal entendido. No pretendo justificar lo injustificable. Pero sí me parece necesario recordar que sólo medicina es competente en definir lo que es buena o mala práctica. Esto explica por qué los jueces han de acudir en múltiples ocasiones a los propios médicos para poder decidir si una actuación ha sido negligente o no. Al final siempre es la medicina la que ha de decidir sobre sus propias conductas.  

Nadie duda de que en los últimos años se ha producido una auténtica revolución en el tema de la responsabilidad profesional del médico, y en general del personal sanitario. La figura clásica, antes descrita, ha quedado sin efecto. Hoy ya no es posible seguir ejerciendo la profesión con los esquemas del viejo paternalismo, que quería todo para el paciente pero sin el paciente.  

El paternalismo primó tanto la responsabilidad ética del médico, que no dejó espacio para la responsabilidad jurídica. Dice Aristóteles que cuando las relaciones entre los hombres son de tal tipo que el poder se concentra en una sola mano, es decir, cuando tienen un carácter monárquico, puede suceder que quien detenta el poder lo utilice en beneficio de sus súbditos, como hace el padre con sus hijos, o en beneficio propio, como hace el señor con los esclavos. En el primer caso la relación se denomina paternalista; en el segundo tiránica. En ambos, los súbditos carecen de autonomía o de iniciativa. Por eso tales relaciones humanas tienen siempre un carácter despótico.  

Como a los demás dominios de las relaciones humanas, al de la medicina ha llegado también, aunque con enorme retraso, la gran revolución democrática; es decir, la sustitución del principio del paternalismo por el de autonomía. Las relaciones humanas han de basarse en el escrupuloso respeto de la autonomía y los derechos de todos y cada uno de los individuos implicados en ellas. Esto explica que haya sido en estos últimos veinte años cuando los enfermos han elaborado por primera vez sus códigos de derechos.  

Hasta entonces los únicos que poseían códigos de actuación -dado que sólo ellos tenían capacidad de tomar decisiones- eran los médicos. Hoy es preciso respetar escrupulosamente los derechos de todos los sujetos implicados en la relación médico – sanitaria. Cuando esos derechos no son respetados, se produce una lesión de derechos que puede ser perseguida judicialmente. De este modo estamos llegando a la situación contraria a la clásica: ahora bien puede decirse que la responsabilidad jurídica ha crecido tanto que de algún modo ha dejado espacio a la vieja responsabilidad ética. Siguiendo la distinción de Tomasio y de Kant cabría afirmar que la responsabilidad moral ya sólo tiene vigencia en el fuero interno de la conciencia, en tanto que el fuero externo pertenece al dominio exclusivo de la responsabilidad jurídica. Basta ya de ética, y confiemos la rectitud de los actos al derecho.  

En un Estado de derecho es lógico que la responsabilidad médica sea estricta y formalmente jurídica. Confiarla al fuero de la ética sería tanto como dejarla al arbitrio de la buena voluntad, condenarla a la ineficacia. Esto explica por qué las demandas judiciales contra médicos se han hecho tan frecuentes en los últimos años. No es una simple cuestión de hecho sino algo que tiene por base un cambio de principios. En la base de todo el proceso está el paso de una responsabilidad Profesional meramente ética a otra estrictamente profesional. Lo cual difícilmente puede juzgarse de otro modo que el estrictamente positivo.  

Pero si analizamos las cosas con algo más de detenimiento, veremos que en seguida dejan de parecer tan claras. Por lo pronto, no se ve que las continuas denuncias judiciales estén mejorando la asistencia sanitaria, aunque sí han contribuido a encarecerla de modo muy significativo. Pero aún hay otro problema a mi entender mucho más grave, y es la manifiesta incapacidad del derecho para resolver adecuadamente los problemas cotidianos de la relación médico-enfermo. Intentaré explicarme. 

La relación médico-enfermo hoy se ha hecho enormemente conflictiva porque las dos personas involucradas en ella, el médico y el enfermo, intervienen como seres autónomos, libres y responsables. Esto quiere decir que cada uno quiere que se actúe conforme a sus propias concepciones o creencias morales, protegidas por el derecho de libertad de conciencia. Cuando las opiniones morales del médico y del enfermo difieren abiertamente, la relación no puede no hacerse conflictiva. Pensemos en el caso del ginecólogo antiabortista al que se presenta una paciente en demanda de un aborto; o el médico de guardia al que le llega un testigo de jehová en condiciones extremas que demandan una transfusión de sangre, a la que el paciente se niega. Cuando las creencias morales del médico y del enfermo difieren entre sí, inevitablemente surge el conflicto. Tradicionalmente este conflicto se resolvía en favor del médico, ya que acababa triunfando siempre la opinión de éste. Hoy más bien sucede lo contrario. El derecho fundamental de los pacientes, que entre otros ordenamientos jurídicos recoge el artículo décimo de nuestra Ley de Sanidad, es el derecho al "consentimiento informado". Esto quiere decir que cada miembro de la relación médico-enfermo tiene una tarea muy precisa: el médico la de informar y el enfermo la de decidir. Salvo casos muy especiales, pues el conflicto de la relación médico-enfermo se resuelve hoy en favor del paciente. En caso contrario, éste puede denunciar al médico ante los tribunales de justicia de delito de negligencia profesional o mala práctica, y quizá también del delito de agresión.  

Cuando un médico no informa de manera adecuada a su paciente de los pormenores de su caso, de modo que éste pueda decidir con conocimiento de causa, está cometiendo una negligencia, que ciertamente no es manual sino verbal, pero que resulta tan punible como aquélla. El defecto en la información conlleva delito de negligencia. Pero el defecto puede estar no en la información sino en el consentimiento, y entonces la figura delictiva es otra, la de agresión (battery). Cuando se actúa en el cuerpo de otra persona sin su consentimiento se está cometiendo delito de agresión. He aquí, pues el objetivo de los tribunales de justicia, penalizar a los médicos que sean negligentes en la información o cometan agresiones contra la integridad de sus enfermos actuando en sus cuerpos sin consentimiento de éstos.

Hasta aquí parece que todo transcurre con absoluta normalidad, y sin problemas. Los problemas empiezan a surgir cuando preguntamos, por ejemplo, que debe entenderse por información adecuada. ¿Cuándo puede considerarse que la información ofrecida por un médico a su enfermo es suficiente? Cuando le  comunica aquello que el común de los médicos considera normal, usual o suficiente? ¿Cuando le transmite aquello que una persona razonable sin especial cultura sanitaria considera como tal? ¿O, en fin, cuando informa a cada paciente concreto de todo aquello que él quiere saber y pregunta? He aquí un problema nada fácil de resolver, y demostrativo de hasta qué punto pueden ponérsele difíciles las cosas al juez más sensato.  

Pensemos en un caso concreto, que hoy es célebre en los anales de la bioética. El año 1961, el señor Bernard Berkey empezó a notar molestias en la espalda y en una pierna, que su médico, el Dr. Frank M. Anderson, atribuyó a un probable lesión neurológica a nivel cervical. Para comprobar si su diagnostico de presunción era correcto, informó al paciente de la conveniencia de hacerle una mielografía. Ante el desconocimiento por parte del señor Berkey de los pormenores de esta técnica, le pidió detalles a su médico.  

Este se limitó a decirle que se trataba de un método diagnóstico altamente resolutivo, ciertamente algo molesto, ya que habrían de pincharle en la espalda y tumbarle después en una cama fría, donde le moverían en distintas direcciones. El médico prometió hablar con quien había de efectuarla, el doctor Robert E. Rickenberg, a fin de pedirle que le pusiera algo de anestesia local antes de aplicarle la punción lumbar. De este modo, dijo, -no sentiría nada-. Pero la realidad, según contó el señor Berkey, fue muy otra. Los primeros pinchazos fueron, en efecto, muy poco dolorosos. Pero después sintió un dolor insoportable, que el paciente describió como si le hubieran horadando la espalda con un punzón helado. El dolor fue de tal intensidad que nunca hasta entonces había sentido nada semejante, tanto, que no pudo reprimir un grito de dolor. Se le irradió hacia el costado y la pierna izquierda, y cuando intentó incorporarse vió con asombro que el miembro no le respondía. Se le dijo que tanto el dolor como la impotencia funcional se le pasarían en el transcurso de las próximas horas, a pesar de lo cual varias semanas después seguía padeciendo de lo que entonces le diagnosticaron como pie caído.  

El señor Berkey demandó judicialmente a los doctores Anderson y Rickenberg. Al primero, por no haberle mencionado la posibilidad de que se produjese un dolor tan intenso y una disfunción tan grave. Al doctor Rickenberg, por negligencia en la realización de la mielografía. El tribunal de California que intervino en el caso consideró que la demanda contra el doctor Anderson giraba en torno al tema del consentimiento informado, razón por la cual todo consistía en saber si el doctor Anderson había informado correctamente al paciente y si este había otorgado su consentimiento. Caso de que se hubiera actuado en el cuerpo del paciente sin su consentimiento, el delito sería de agresión; si, por el contrario, éste hubiera dado su consentimiento, pero sobre datos erróneos o insuficientes, el delito sería de negligencia. Como se supone que el señor Berkey sí dio su consentimiento, parece que el delito cometido por el médico fue de negligencia.  

Pero el doctor Anderson no estaba de acuerdo con este planteamiento. Piensa que él reveló a su paciente aquello que la comunidad médica considera como información adecuada y suficiente. Nadie puede revelar todo, ni parece que esto fuera bueno para el paciente. En consecuencia, el doctor Anderson defendía que el único criterio válido para saber cuánto hay que informar al paciente, es el de lo que la clase médica considera usual. El jurado del caso, sin embargo, no lo estimó así, y consideró que el criterio para saber lo que debe decirse a un paciente no es el de la profesión médica sino el de la persona razonable. Según este criterio, es preciso informar al paciente de todo aquello que una persona razonable y sin cultura médica especial debería saber para decidir entre las diferentes opciones o alternativas con suficiente conocimiento de causa. ¿Qué criterio deben seguir los jueces para juzgar si el doctor Anderson cometió o no un delito de negligencia? Se da la paradoja de que eso hoy depende del Estado en que se desarrolle la vista. En unos Estados se utiliza el criterio de lo usual en la comunidad médica, y en otros el criterio de la persona razonable.  

Es probable que a muchos les parezca este último preferible al primero, pero tampoco esa elección acaba con los problemas. Podría pensarse, en efecto, que el médico debe informar al paciente no según el criterio de la persona razonable, sino según las necesidades y capacidades concretas de su paciente. Ahora bien, de nuevo esto depende de la estimación del médico, con lo que una vez más volvemos al criterio de la profesión médica. En última instancia siempre sucede que quien tiene que determinar qué es información adecuada es el médico o el sanitario.

 He puesto este ejemplo para que se vea la enorme dificultad con que el derecho se mueve en problemas como los que plantea el mundo de la salud. Es curioso observar que cuando el asunto se le escapa al sistema sanitario de sus manos, va a las del juez; pero éste, por lo general, tiene que consultar de nuevo a un médico, por ejemplo a un forense, para decidir sobre el caso. En este sentido habría que decir que el juez no es por lo general la última instancia en los temas sanitarios, ya que él tiene que consultar de nuevo a la instancia médica, que por ello es de algún modo ulterior.

El camino de los asuntos médicos al juzgado es por lo general de ida y vuelta. Ahora bien, si vuelven es porque quizá no debían haber ido. De todo lo anterior cabe concluir que la responsabilidad médica ha tenido tradicionalmente un carácter más ético que jurídico. Y ello no por azar o capricho, sino porque las actividades profesionales son en principio privadas, pertenecen al segundo nivel de los descritos en el apartado anterior, y por tanto se hallan más influidas por los propios ideales de vida y por los proyectos de perfección y felicidad que por las normas jurídicas. Esto es lo que tradicionalmente ha recibido el nombre de vocación. No es un azar que los conceptos de vocación y profesión hayan estado siempre indisolublemente unidos.

 Max Weber llamó la atención en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de la relación semántica que se establece en el idioma alemán a partir de Lutero entre Beruf, profesión, Ruf, llamada, y Berufung, vocación. Ciertamente, hay ocupaciones más vocacionales que otras. A las más vocacionales es a las que se las ha venido considerando tradicionalmente como profesiones, en tanto que a las menos vocacionales se las ha considerado simples oficios. Ambas son actividades privadas y libres, pero de responsabilidad muy diferente. Tanto, que en las meras ocupaciones siempre se ha considerado que es suficiente con el control legal, es decir, con la sanción a posteriori de las conductas negligentes, ignorantes o imprudentes, en tanto que en las auténticas profesiones tienen en sus manos objetos tan importantes -la vida de las personas- que la sanción jurídica o a posteriori llega siempre tarde, y es preciso establecer criterios previos o a priori de calidad, que eviten en lo posible los actos negligentes o irresponsables. En las profesiones clásicas, la sanción jurídica llega siempre tarde, razón por la cual es fundamental la responsabilidad moral.  

Tal es la explicación que queria dar de la tercera de las tesis enunciadas al principio:    que al propio concepto de profesión le es inherente no solo el tipo de responsabilidad que hemos llamado secundaria o jurídica, sino también, y principalmente, el de responsabilidad primaria o moral. 

IV RESPONSABILIDAD PROFESIONAL, CALIDAD Y EXCELENCIA 

De todo lo dicho hasta aquí cabe concluir que la responsabilidad profesional de carácter jurídico sera siempre y solo una responsabilidad de minimos, en tanto que la responsabilidad etica busca alcanzar niveles superiores de calidad, y es por lo tanto una responsabilidad de máximos. Otra conclusión importante es que si bien esta responsabilidad de máximos es deseable en todo tipo de actividades, es imprescindible en las llamadas profesiones clásicas, como el sacerdocio, la judicatura o la medicina. 

Los modos como la profesión medica ha intentado lograr esa responsabilidad de máximos han ido variando a lo largo del tiempo. 

Durante muchos siglos, desde el siglo V a.C., fecha de composición del juramento hipocrático, hasta mediados del siglo XIX, la fórmula utilizada fue  la del juramento, es decir, la de la profesión religiosas .  

Desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, se ha utilizado otra fórmula más secular, consistente en la elaboración de Códigos de deontología profesional.  

Yo no querría entrar a discutir las ventajas e inconvenientes de esos dos procedimientos. Sí me gustaría decir que, en mi opinión, hoy es preciso iniciar la implantación de un tercer modelo, proveniente del mundo empresarial, y que ha dado lugar en la última década a toda una literatura muy interesante, la de la calidad total y la excelencia. Se estudiaron 62 empresas y resaltaron las características que sobresalian al tratar de ser excelentes:

v     haber apostado por la acción

v     escuchar a los clientes

v     favorecer la autonomía y el espíritu innovador

v     asentar la productividad en función de la motivación personal, y

v     sobre todo, movilizar al personal en tomo a un valor clave, una filosofía de empresa y un proyecto concreto con el que todos pudieran identificarse.

 

En los últimos años ha habido un fuerte debate teórico en torno a esta cuestión de los valores, y la posibilidad de alguna actividad humana value-free. Y como era de esperar, la conclusión a la que se ha llegado es que nada es value-free, todo es value-laden.

Hay hechos y hay valores. Los hechos son descriptivos, perceptivos y objetivos: un billete de papel. Los valores, por el contrario, son estimativos; por ejemplo, el valor económico -diez mil pesos- del billete de papel.

Pues bien, esta idea de que no hay nada ajeno a los valores ha llegado a la teoría empresarial, y ha hecho que en ella empiecen a considerarse los valores como importantes; más aún, como imprescindibles.

Esto, por otra parte, no es nuevo. Si se analiza la historia de la economía y de la actividad empresarial, se ve pronto que los valores han sido en ellas siempre importantes:

La experiencia norteamericana y los valores del calvinismo

La experiencia japonesa y los valores del sintoísmo (fidelidad y obediencia) y del confucionismo (consenso, respeto mutuo, rechazo de la violencia, convicción, armonía, importancia de la unión social).

Personalmente creo que ha llegado el momento de entender la sanidad como una empresa, concretamente como una empresa de servicios a la que puedan aplicarse los conceptos de calidad y excelencia. En esto es en lo que, en mi opinión, debe hacerse consistir hoy la responsabilidad moral de la medicina. Operativizarlo es la tarea que deberemos enfrentar en los próximos años. Sin ella, entendida en esta nueva dimensión, la medicina será incapaz de estar a la altura de los tiempos, y cumplir con el mandato que le ha encomendado la sociedad, el cuidado y la tutela de la salud y la enfermedad de los seres humanos. Tales son las razones por las que he afirmado, en mi cuarta y última tesis que las vías clásicas de control y fomento de la ética profesional han resultado ser muy poco eficaces, y que hoy es preciso plantear el tema de la responsabilidad ética de los profesionales desde perspectivas nuevas y con criterios distintos de los clásicos, como son los de la -calidad total y la excelencia, que ya parecen estar dando importantes frutos en otros campos.

Bibliografía:

Gracia, Diego. Etica y responsabilidad Profesional

Em: Gracia, Diego. Profesión Médica, Investigación y Justicia Sanitaria. Colombia, El Buho, 1998. Página 38-57